El valor de la lealtad

Desde mi trinchera, columna de Michelle Parra Conde: El valor de la lealtad

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El mundo está plagado de conceptos fáciles de leer, pero complicados de entender y por ende aplicar. Este es el caso de la lealtad, palabra a la que muchas personas suelen denominar como un valor, entendiendo al mismo como una buena y constante práctica, pero ¿cuán importante es ser leal? ¿Realmente se lleva a cabo este hecho dentro del mundo banal y frío por el que día a día transitamos? ¿Cuál es el verdadero significado?

La lealtad se encuentra latente constantemente en todas aquellas relaciones que el hombre desarrolla a lo largo del tiempo. Podemos verla plasmada en las relaciones de pareja, amistad e incluso laborales. Sin embargo, en el camino se va deteriorando cuando egoístamente superponemos nuestros intereses personales ante los de los demás, y es en ese preciso momento cuando la verdadera esencia de las personas sale a la luz. Se puede decir entonces que el hecho de estar en las buenas y las malas es pasajero, pues más bien parece que la permanencia de alguien está condicionada únicamente a una situación de beneficio propio que, cuando deja de recibirse, abre paso a la cínica claudicación sin importar lo mucho que se haya obtenido o el esfuerzo que conllevó el haber brindado esas oportunidades.

Tenemos más que claro que en muchas ocasiones la llamada calidad moral queda con tristeza rezagada con plena conciencia, pues la costumbre es conducirse de ese modo por la vida a través de una falsa máscara de gratitud que esconde estocadas de malicia, avaricia y traición. Esto es reprobable, pues no somos capaces de entender que con el paso de la existencia se actúa cada vez más por el instinto que por la razón. Sin embargo, rayando en lo más absurdo, se suele contemplar que este tipo de acciones son aplaudidas e incluso premiadas como si se tratara de un ejemplo de excelencia humana, mientras que a quienes caminan con valor, convicción, integridad, nobleza y gran corazón se les brinda simplemente olvido e ingratitud. 

Esta es la realidad de la sociedad que estamos demoliendo y no construyendo. Aquí se encuentra el bajo instinto del hombre que, sin importar cuántas veces se le tienda la mano, posee la capacidad de cortarla una y otra vez. Es por ello que tú eres la única parte que decide cómo actuar, cómo construir un futuro y cómo anhela ser recordado, pues un alma noble nunca dejará de brillar aun cruzando los caminos más pantanosos e inimaginables.

Es el momento entonces de definir hacia dónde ir, recordando que en la vida no hay nada eterno, pues lo único que siempre permanece contigo es lo que sientes y llevas dentro, sin olvidar que se predica con el ejemplo y los únicos responsables de ello somos nosotros. Por ello, recuerda que lo bueno siempre superará a lo malo, que no siempre existe la reciprocidad pero que la ayuda alimenta al espíritu, que la burla hacia la bondad sólo proviene del pobre de mentalidad, pero, sobre todo, que la lealtad vale tanto que sólo la conocen los que poseen corazón

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